Con títulos como "Lofi beats", "chill lofi study" o "beats to relax to", las plataformas de streaming están llenas de playlists que empaquetan la estética lo-fi como ambiente. Muchas las elabora la propia plataforma, otras las llenan productores anónimos que fabrican beats en serie para colocarlos en ellas, cobrando fracciones de céntimo por reproducción. Es curaduría de contenidos con intencionalidad comercial en estado químicamente puro (Pinilla, 2022, cap. 2), que siguen la lógica curatorial de selección, orden y relato, pero es que en este caso el relato es "concéntrate y no cambies de aplicación".
Aquí el lo-fi completa su inversión: nació como lo que la industria no podía asimilar (cintas enviadas por correo) y termina como el género más perfectamente adaptado a la lógica de la plataforma. Es música de fondo optimizada para no interrumpir la productividad de quien la oye. Bajo la interfaz opera la lógica de la plataforma, que no deja de ser una infraestructura que se sitúa como intermediaria entre oyentes y productores para registrar y explotar sus datos, y que por efectos de red tiende al monopolio (Srnicek, 2017). La "curaduría sin curador" es curaduría algorítmica orientada al dato.
ESCUCHAR — una playlist oficial de Lofi Girl en Spotify (obsérvese la interfaz: el marco es el mensaje):
En esta sala: Taylor Swift → · ← Lofi Girl